miércoles, 14 de noviembre de 2007

Hace tiempo que vengo esperando que termine este año. A su vez, hace años que estoy esperando lo mismo; que termine cada año. La escuela es algo que lo único que me hizo desear, es que termine el año. Más que la enseñanza que nos intenta dar, tendríamos que agradecerle al sistema educativo lo mucho que tantos alumnos disfrutamos las vacaciones.

Pero más allá de eso, ayer pensaba cuánto tiempo pasamos esperando cosas. Cuando yo entro al colegio, espero el cambio de hora, antes de que me llamen para dar oral. Después del cambio de hora, lo que espero es que llegue el recreo. Después de los dos recreos, lo que espero es la hora de irse. Ansioso, salgo para mi casa esperando que la comida esté lista. Y así infinitamente, esperando y esperando. ¿Nunca se preguntaron por qué los años pasan cada vez más rápido? Tal vez esto sea aplicable para la mayoría; pero cuando el tiempo pasa rápido, es porque vivimos esperando que el tiempo pase y nada más.

La vida es corta si esperamos que pase, en una actitud pasiva, evadiendo todo: a los pocos años de vida, vamos al jardín; de ahí a la primaria, después a la secundaria, a la facultad, y trabajamos, y siempre preocupados en el mañana y en el ayer. Pero, ¿cuándo disfrutamos el presente? casi nunca.

En mi actitud negativa, mi personalidad depresiva y mi baja autoestima, tal vez sea el menos indicado para enseñarle a alguien cómo disfrutar el presente sin preocuparse en cosas que son parte del pasado... o no son parte de nada aún. Pero sería lindo proponerse disfrutar cada momento.

Personalmente voy a tratar de que tantas cosas que me tienen mal en este momento, no se interpongan con mi felicidad, que al igual que el de todos, es el fin último, que por alguna razón es tan dificil de alcanzarlo y mantenerlo.


Gracias por la lectura, y espero de todo corazón que este blog, al igual que esta pequeña reflexión barata, le sirva al menos a una persona.

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